Ciudadanos del mundo
Por: Rvdo Padre Luis Martínez (*)
Encuentro fortuito en el vagón de un tren de largo recorrido con el viajero contiguo a mi asiento. Un saludo de simple cortesía, al que yo añadí después de mi nombre mi profesión y nacionalidad. Con un acento claramente extranjero al del país por el que viajámos y un dominio perfecto del español, él se me presenta como N.N., catedrático de historia, y “ ciudadano del mundo”. Me sorprendió en un primer momento este último dato, que a la verdad me pareció hasta un poco cursi, y ahí quedó todo.
Yo me moría de curiosidad por saber algo más de aquel vecino de viaje y además tenía deseos de conversar porque el viaje iba a durar varias horas. Así que después de un rato, me atreví a preguntarle con cierta discreción: Me ha sorprendido su frase de ciudadano del mundo: ¿podría usted explicarme cómo la concibe usted? Pues como suena; yo nací en tal país, pero me considero “ciudadano de todo el mundo”. ¿Qué diferencias existen entre usted y yo? ¿no somos ambos ciudadanos del mismo planeta tierra?
Y a partir de su respuesta siguió por un largo rato la conversación sobre este tema. Para mi, es un absurdo, comentaba él, que andemos como jugando con eso de las nacionalidades. ¿Por qué tengo yo que llevar un Pasaporte de mi país y sin él no me permiten entrar en otros países? ¿Soy yo mejor o peor por ser portador de este pasaporte? Y siguió con su argumentación: mire usted, 25 países europeos ya no usan el Pasaporte de su propio país; en la portada de cada uno de ellos simplemente dice: Pasaporte Europeo, lo que equivale a decir que todos los 450 millones de personas que son originarios de 25 países, ya se consideran todos “europeos”, sin dar mayor importancia al hecho de que nacieran en Portugal, en Alemania o Polonia. Y esa debería ser, en mi concepto el criterio de todo el mundo. Quizás podría subdividirse por zonas amplias y que todos los ciudadanos de Asia llevaran un “Pasaporte Asiático”, los de Äfrica, un Pasaporte Africano para todos sus naciones, y lo mismo con el resto de los grandes continentes.
Nuestra conversación se terció a otros temas, pero no pude menos de volver al mismo tópico para confesarle a mi nuevo amigo que yo estaba completamente de acuerdo con su idea, y que si estuviera en mis manos yo haría el máximo esfuerzo para que este idea llegue a realizarse en un próximo futuro.
TODOS CIUDADANOS DE ESTE ÚNICO MUNDO
21 de febrero del 2010
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SOBRE EL AUTOR:
(*) Español, nacido en la ciudad de Burgos. En 1953 llegó al Japón donde se recibió de sacerdote 7 años después. Entre los años 1965 y 2000 se desempeño como vicario de la colectividad peruano japonesa en el país sudamericano. En el 2001 retornó a Japón para brindar atención espiritual a los dekasegi. Desde abril del 2004 hasta marzo del 2007 cuando se produjo su muerte, ofrecía una reflexión humana sobre la vida, los sucesos diarios y los actores que la protagonizamos, a través de la columna OYASUMINASAI en el portal “Japón en Español”. Falleció el miércoles 7 de marzo del 2007 a consecuencia de un ataque cardíaco.
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Así es. Lo sé bien, pues yo también tengo mi pasaporte europeo. El Perú y los demás americanos también deben llegar a algo así.
No somos pocos los que pensamos así, estas ideas se van concibiendo cuando pensamos de manera menos egoísta y dejamos de creer que somos el centro del mundo y merecedores de todo sin hacer otro esfuerzo que vivir mirando como hacer para que le vaya mal a nuestro vecino y sobrevivir nosotros.