Víctimas de las bombas de Hiroshima y Nagasaki
Por: Daniel Oscar Tagata (*)
Leí las diferentes informaciones que hacía mención que el japonés Tsutomu Yamaguchi, uno de los pocos supervivientes de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki en 1945, murió a los 93 años tras luchar contra el armamento nuclear durante 64 años.
“He muerto dos veces y nací dos veces en esta vida, tengo que contar ese hecho de la historia antes de morirme”, explicó el anciano en una entrevista realizada en agosto.
Este doble “hibakusha”, como se conoce en Japón a las víctimas de las bombas atómicas, trabajaba en 1945 como ingeniero de Mitsubishi Heavy en Nagasaki, pero el día 6 de agosto de ese año estaba de viaje de negocios en Hiroshima cuando cayó la primera bomba atómica.
Como cuenta en su libro “La vida regalada”, publicado en 2006, tras pasar la noche en vela entre la destrucción reinante, al día siguiente consiguió tomar un tren con centenares de personas hacia Nagasaki, a 300 kilómetros de distancia.
Tres días después, el 9 de agosto, en su ciudad natal, Yamaguchi volvió a ver la misma luz en el cielo antes del mediodía. EEUU había lanzado la segunda bomba sobre Japón, lo cual precipitó el final de la II Guerra Mundial.
En el verano de 1945 Yamaguchi sufrió una fuerte reducción de glóbulos blancos y la pérdida del oído izquierdo, y después se operó de cataratas y perdió la vesícula, todas ellas dolencias achacadas a las radiaciones.
Al término de 1945, 74.000 personas habían fallecido en Nagasaki y otras 140.000 en Hiroshima a causa de las bombas atómicas, aunque fueron muchas más las víctimas en años posteriores debido a las radiaciones.
En 2006, Yamaguchi protagonizó un documental a los 90 años y obtuvo su primer pasaporte para ir a Nueva York para dar conferencias en las que insistía que las bombas atómicas no tienen justificación, ni siquiera para acabar una guerra.
Estas líneas sirvan para la promoción de una cultura de paz. La palabra “PAZ” deriva del latín pax. Es generalmente definida, en sentido positivo, como un estado de tranquilidad o quietud, y en sentido opuesto como violencia o guerra. Desde el punto de vista del Derecho internacional, y por extensión de la definición anterior, el término Paz en un convenio o tratado es el que pone fin a la guerra.
Puede hablarse de una paz social como entendimiento y buenas relaciones entre los grupos, clases o estamentos sociales dentro de un país. En el plano individual, la paz designa un estado interior, exento de cólera, odio y más generalmente de sentimientos negativos. Es, por lo tanto, deseada para uno mismo e igualmente para los demás, hasta el punto de convertirse en un saludo (la paz esté contigo) o una meta de la vida.
Tenemos las palabras del genio, científico, Albert Einstein: “Hasta ahora sólo he hablado de la guerra entre estados o, dicho de otro modo, de los conflictos internacionales. No ignoro que la agresividad humana se manifiesta también en otras formas y en distintas condiciones…Pero he insistido deliberadamente en la forma más típica, más cruel y más desenfrenada de conflicto porque es partiendo de esa forma como podrán encontrarse los medios para evitar los conflictos armados…”.
La Promoción de la Paz debe ser una tarea permanente y debe desarrollarse de manera articulada, porque sin paz no hay desarrollo ni gobernabilidad. Es llamar a la preocupación sobre la promoción y defensa de los derechos humanos; la prevención y resolución de conflictos sociales; la comunicación social para la paz; la institucionalidad local y comunal; el registro y acreditación de desplazados internos; el desarrollo de zonas expulsoras y receptoras; las becas para huérfanos y afectados; el apoyo a la construcción de viviendas rurales; y la solidaridad.
A lo largo de la historia se ha concluido que la paz puede y debe aprenderse, y para hacer esto posible se ha de supeditar en el proceso educativo la comunicación de conocimientos, con la abstención de ciertos hábitos/ rutinas y con una serie de pautas, principios y valores.
La paz es el proceso de búsqueda de justicia en los diferentes niveles de relación humana. Este es un concepto dinámico el cual nos lleva a solventar los conflictos de manera no-violenta, con el fin de alcanzar una concordia de la persona consigo misma, con la naturaleza y con los demás.
Hay un dicho conocido: “no existe un camino hacia la paz, la paz es camino”. Por ello, la reiteración en la educación para la paz radica tanto en su método como en su contenido. La paz no es una meta, sino un proceso, por el que hay que afrontar los conflictos y aprender a resolverlos de forma positiva sin usar la coacción.
Lima, 10 de enero de 2010
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SOBRE EL AUTOR:
(*) Peruano. Ex gerente general de la Asociación Peruano Japonesa; Past presidente de la Asociación de Scouts del Perú · Ex Director de Desarrollo Gerencial del Consejo Interamericano de los Scouts.Actualmente es columnista de “Japón en Español” ,“El Blog del PETA” y “Noticias Nippon”.
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